El portazo resonó en la noche como un golpe seco en sus oídos. Justin y Aspen se quedaron inmóviles en la acera frente a la casa de Sawyer, el eco de la voz de Poppy todavía retumbando en sus oídos.
—Fuera de mi casa —había dicho la niña con tal firmeza que, por un instante, Aspen creyó que Poppy no estaba mintiendo. La pequeña parecía más adulta que ellos, más decidida, más peligrosa.
Aspen se cruzó de brazos, mirándolo a Justin con una mezcla de incredulidad y enfado.
—¿Te das cuenta de lo hu