Lucy
Sawyer tiene que ver la lujuria en mis ojos porque su sonrisa perversa se ensancha.
Acabamos de estar juntos, pero eso no es suficiente para mí.
No cuando pensé que lo había perdido, cuando pensé que estaría en esa cárcel por mucho tiempo.
Sus curiosos ojos recorren la curvatura de mi cara y bajan por mi garganta. Se relame y se pone en pie.
Toma su miembro y comienza a masturbárselo de arriba hacia abajo. Mis ojos cobran vida propia y se clavan justo ahí, en su mano.
—Esto te gusta, ¿