Lucy corre por los pasillos, los tacones resonando en el suelo pulido del hotel mientras aprieta la mandíbula.
No puede perder tiempo. No hoy. No cuando toda su investigación está en juego.
Su corazón late con fuerza, tan rápido que cree que podría escaparse de su pecho, pero no desacelera ni un segundo.
Al llegar a la habitación, abre la puerta de golpe y se dirige directo al escritorio.
Ahí está el portátil de Sawyer. Lo abre con manos temblorosas y lo enciende, conteniendo la respiración