Lucy lo mira fijamente, el ceño ligeramente fruncido, esperando que Sawyer le devuelva la mirada, que haga algo, que diga algo.
Pero él no lo hace.
Sus ojos permanecen fijos en algún punto lejano, evitando los de ella, y eso le duele más de lo que podría haber imaginado.
Es como si cada segundo de silencio entre ellos se clavara en su pecho como una espina.
"Mírame, Sawyer. Por favor, mírame."
Pero él no lo hace.
De repente, sus pensamientos empiezan a correr a una velocidad que la marea.
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