Unos meses después, la casa de Sawyer se siente más cálida que nunca.
La enorme sala, con ventanales que dejan entrar la luz del atardecer, está tranquila, pero la tensión sexual entre ellos es casi tangible.
Lucy está de pie frente a él, y Sawyer sostiene el frasco de crema en sus manos.
—Sawyer, justo ahí —le dice Lucy, señalando la cicatriz de su apendicitis.
—Así está bien? —pregunta él, atento.
—Sí, solo recuerda que no tienes que ser tan delicado conmigo.
Sawyer deja la crema sobre sus