Me encontraba en medio del bosque decorado con flores silvestres y velas, un lugar desconocido, pero extrañamente familiar.
Mi vestido era blanco, como el de una novia, y a mi lado, en lugar de Caleb, estaba Giafranco. Su mirada era intensa, llena de una promesa que no alcanzaba a comprender del todo. Él me sostenía la mano con firmeza, sus palabras resonaban en mi mente como un eco distante, prometiéndome amor eterno.
—Freya —decía con voz suave—, seremos felices, te lo juro. Nadie más import