El sol bañaba el campo de equitación con su luz cálida, proyectando sombras alargadas sobre el pasto mientras mis hijos y yo disfrutábamos de un momento de tranquilidad en medio del caos que había sacudido nuestras vidas.
El sonido rítmico de los cascos de los caballos al trotar sobre la tierra era casi hipnótico, y por un instante, me permití olvidar las amenazas que se cernían sobre nosotros. Este era nuestro tiempo, un espacio que había reservado para estar con ellos, para ser más que su re