La batalla rugía a nuestro alrededor, el sonido metálico de las espadas chocando, el rugido feroz de los lobos, y los gritos desgarradores de los cazadores se mezclaban en el aire.
Pero de repente, todo se detuvo para mí cuando vi aquella luz resplandeciente al otro lado del campo. Una luz cegadora, imposible de ignorar. Mi corazón se hundió en el pecho. Freya. Mis hijos.
El miedo me impulsó, cada músculo en mi cuerpo tensado por la desesperación. Sentí la adrenalina recorrer mis venas mientra