Me sentía más tranquila, una sensación que había estado esquiva en los últimos días. La tensión entre Caleb y yo comenzaba a disiparse, y aunque aún quedaban vestigios de la sombra que Giafranco había arrojado sobre nuestra relación, había un rayo de esperanza brillando entre nosotros.
Decidí que era el momento de buscar un poco de paz para mí misma, un respiro lejos del bullicio de mis hijos y las responsabilidades que pesaban sobre mis hombros como reina y madre.
Subí lentamente las escalera