Los golpes secos contra la puerta lo sacan de su ensimismamiento.
Alexander parpadea, como si su mente tardara en procesar que alguien llama a su casa a esta hora de la noche.
Frunce el ceño. ¿Quién demonios podría ser? Se pone de pie, cruzando la sala en tres zancadas, y al abrir la puerta, la sorpresa lo golpea de lleno.
Isabella está allí.
Tan cerca. Tan real.
La luz tenue del pasillo se derrama sobre ella, haciendo brillar su cabello oscuro. Su mirada, sin embargo, no tiene el calor de ot