Las calles de Nueva York están cubiertas por una fina capa de llovizna cuando Alexander sale de su edificio, con el rostro pálido y los pasos temblorosos.
Todo en su cuerpo es tensión contenida. Acaba de ver su vida desmoronarse en tiempo real.
Una imagen tras otra lo ha bombardeado desde la pantalla de un televisor en una vitrina de una tienda: él caminando con Isabella, Emma dormida sobre su hombro, Liam tomando su mano y Gael corriendo alrededor de ambos mientras Isabella reía.
La leyenda