Henry no sabe en qué momento Valentina se convierte en su refugio.
Quizás es en esas pequeñas charlas después de las reuniones de trabajo, donde sus risas se mezclan sin esfuerzo.
Quizás es en la forma en que ella lo mira, sin juicio, como si realmente viera algo bueno en él.
Algo que ni siquiera él puede reconocer.
Camina junto a ella por el sendero del parque, las manos en los bolsillos, luchando contra la necesidad de rozarla, de tocarla, de aferrarse a esa luz que ella irradia sin siquiera