El día comienza con una quietud inusual. El cielo, teñido de tonos cálidos que anuncian el atardecer, parece en sintonía con el nuevo aire que se respira entre ellos.
No hay amenazas, ni llamadas inesperadas, ni cartas selladas por el juzgado. Solo la posibilidad del presente, extendiéndose como un horizonte sin tormentas.
Alexander conduce en silencio, los dedos firmes sobre el volante. Su corazón late con fuerza, pero no por nerviosismo sino por convicción. Isabella está a su lado, sostenien