Desde que confundió a Jade con su secretaria, Adriel se dio cuenta de que no pidió continuar así.
La vida se le estaba escapando de las manos y sentía que era el momento de hacer un cambio.
Le costaba mucho resignarse a la idea de no tener a Jade para él, pero aparentemente ella ahora era feliz, ya que finalmente tenía lo que siempre había anhelado: a ese tal Nico y, a esos niños por nacer…
Cada vez que recordaba el asunto del embarazo, sentía un profundo malestar, así que había decidido olvida