Los ojos de Jade se abrieron de par en par, buscando desesperadamente una señal de que aquello era una broma de mal gusto. De que realmente la dulce Gala no le estaba gritando a la cara palabras cargadas de resentimiento. Pero su arrebato seguía resonando en su cabeza, claro y contundente. Era una verdad callada por mucho tiempo, era el sufrimiento de su amiga y no podía minimizarlo ni ignorarlo. Por el contrario, debía de atenderlo.
—Gala, no sabía que…
—No, por supuesto que no sabías nada, Ja