Jade se hallaba de pie en el recibidor de la mansión Meier, un lugar que había visitado innumerablemente a lo largo de su niñez. Se trataba de una casa bonita y elegante, la cual cargaba misterios y un amor que se había fraguado a fuego lento en una de las habitaciones de la misma. Porque sí, así era como el amor de Adriel había crecido con el pasar de los años sin que ella pudiera darse cuenta.
La chica no pudo evitar negar con la cabeza ante el pensamiento. No había acudido a ese lugar para