Estaba siendo un desgraciado. Es que no podía evitarlo. El comportamiento de la pelinegra debería haber sido suficiente como para que empezara a ser un ser decente nuevamente.
Verla enojada de esa manera le estaba encantando.
En un intento de traerla a la realidad la había tomado del mentón. Todo empeoró para él en ese momento, debido a que la forma en la que las expresiones de Ciabel pasaron de ser tensas a sorprendidas, la manera en la que entreabrió sus labios y lo miró a los ojos. Dios, e