¿No decía Fernando que mi existencia estorbaba su “verdadero amor” con Mariana?
Perfecto.
Ese mismo día subí una foto a mi perfil en la red social.
En la imagen, una mano masculina, grande y de nudillos marcados, sujetaba con firmeza mis dedos.
Nuestras manos entrelazadas, los diez dedos apretados como si nada pudiera separarlos.
El texto que la acompañaba eran solo una palabra: Hola.
No habían pasado ni cinco minutos cuando los comentarios estallaron.
—Esperen… ¿esa mano no es de Fernando?
—¿Qu