Aaron se detuvo abruptamente.
Cada músculo de su cuerpo parecía visiblemente tenso.
Evidentemente no se esperaba que yo le pidiera el divorcio.
—Eleri… —su tono amenazante brotó.
Sin embargo, él no puede intimidarme.
Sus ojos me miran oscurecidos, llenos de tanta cólera que me hace estremecer aunque mi expresión se mantenga discreta.
—Puedes estar tranquilo, no voy a molestarte más, lamento que tuvieras que hacerte cargo de mí y creyeras que me salvabas. Ahora no estoy en peligro, no con Sage y