Empujo su pecho con fuerza apartándolo y golpeo este irrepetibles veces.
Aaron no hace nada.
Incluso parece vulnerable, tan roto como yo.
Pero no volverá a engañarme.
—¡Eres un hijo de puta!
Me deja descargarme contra él al mismo tiempo que sigo llorando como una estúpida.
—¡Si querías dejarme por esa perra solo tenías que decírmelo!
Él intercepta mis puños esta vez mirándome con la mandíbula desencajada.
—¡Jamás te dejaría, ni por ella, ni por nadie!
—¡¿Entonces por qué nos dejaste?! ¡¿Por qué