Aurora apareció a toda velocidad, empapada… y sin Natália. A Fernando se le salió el corazón por la boca. Avanzó por el barro sin pensarlo, agarró a la yegua por las riendas, tratando de calmarla.
—¿Dónde está? ¿Dónde está Natália? —gritó, más para sí mismo que para los demás.
Aurora resoplaba, nerviosa, con los ojos muy abiertos. La ausencia de Natália lo decía todo.
Fernando soltó un rugido de furia y desesperación, apartando el agua que le corría por la cara.
—¡Reúnan a todos los hombres dis