Natalia mantuvo el galope de Aurora durante unos instantes, pero pronto se dio cuenta de que Paula había desaparecido por completo. El campo abierto se extendía en todas direcciones, vasto y desolado, y las nubes que antes parecían lejanas ahora se cerraban rápidamente sobre ella. El primer trueno retumbó, grave, haciendo vibrar el suelo. Aurora relinchó asustada.
En pocos minutos, la lluvia comenzó a caer con fuerza, gruesas gotas empapando su ropa y el sombrero, que apenas le protegía parte d