Una vez controlada la situación en la finca, la tranquilidad parecía reinar de nuevo. Fernando pasaba más tiempo en la finca, pero se encerraba casi siempre en su despacho o se iba al pueblo, donde tenía una oficina en la sede administrativa, y Carlos siempre estaba con él; se reunían para las comidas.
Mientras tanto, Natália se pasaba casi todo el día rodeada de telas, colores y una sucesión interminable de vestidos, conjuntos, pantalones, blusas y faldas. Una mañana, el avión trajo una enorme