El silencio se hizo denso tras las últimas palabras de Fernando. El tintineo de los cubiertos y los platos, que antes parecía natural, ahora sonaba fuera de lugar, como si hasta la rutina de la comida se hubiera visto contaminada por la gravedad del tema.
Doña Catarina se ajustó la servilleta sobre el regazo, con la compostura de quien ya había presenciado demasiados conflictos.
—Estos tiempos son cada vez más peligrosos… —murmuró—. No es solo aquí. En todo Mato Grosso se han producido ocupacio