Julieta subía las escaleras en silencio, sus pasos ligeros resonaban sobre el suelo de mármol. Natália la seguía, tratando de absorber cada detalle a su alrededor: los amplios pasillos, revestidos con alfombras persas de vivos colores; los muebles de madera noble, delicadamente tallados; y los inmensos arreglos florales, que esparcían su perfume por el aire.
Se detuvieron ante una puerta doble de tono claro, con tiradores dorados. La joven criada abrió las puertas, revelando una habitación que