Fernando no dudó.
—Al contrario. Quiero una gran fiesta. Envía invitaciones a toda la familia y a los amigos. —Su mirada era cortante como una navaja—. Y te sugiero que no vuelvas a insinuar nada por el estilo.
Catarina se sonrojó y frunció el ceño, con el odio contenido bajo la máscara de la compostura.
—Como quieras. Pero la gente va a comentar…
—No me importan las personas. —interrumpió Fernando con firmeza—. Ya he dejado claros los motivos de este matrimonio. Y espero que trates bien a mi p