Capítulo 21

— Despierta, tenemos que irnos.

La voz de Fernando era baja, casi suave. Natália, aún somnolienta por la mala noche, abrió los ojos y se dio cuenta de que él la observaba. A la clara luz de la mañana, su rostro parecía más sereno, menos amenazador que el del hombre frío y cruel de la noche anterior, y ella lo miró confundida.

— No me mires así o me veré obligado a volver a la cama.

Natália dio un salto, alejando de sí cualquier rastro de intimidad.

— Voy a guardar las cosas en el coche. No tard
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