Después de la discusión que había tenido con Luciana, ella se había ido dejando una multitud de insultos y amenazas sin que nadie pudiera detenerla.
Javier ni siquiera se inmutó. Gustavo y sobre todo Elena no pudieron ocultar la angustia que aquella situación les provocó.
—Lamento mucho que mi hija tuviera esa reacción Javier... —se disculpó con gran consternación Gustavo—. Pero, tenés que entenderla ella siempre ha estado enamorada de vos, nunca aceptó tu matrimonio con Samantha. Lo recuerdo como si fuera ayer... —dijo de manera inconsciente, entre suspiros—. Aquel día, cuando anunciaron el compromiso de ustedes, cuando terminó la fiesta fue y enfrentó a mi padre, preguntándole porque ella no había sido la elegida para ser tu esposa si era la mayor de la familia. Yo la detuve antes que la discusión escalara, mi padre no sabía que entre ustedes había algo... y...
Elena lo tomó del brazo y se lo apretó como si quisiera advertirle que hiciera silencio.
Javier esbozó una sonrisa que era