Martín se sentía incapaz de enfrentar la situación de manera coherente. La presión sobre él era cada vez mayor, ya que había mucho en juego. No solo estaba en riesgo su amor con Samantha, sino que también los hijos de ella y de Javier se encontraban en medio de todo ese caos.
No quería sentirse así, pero en esa situación se sentía el perdedor. La presencia de los hijos añadía una complejidad difícil de gestionar.
¿Cómo podía competir con su rival cuando Javier era el padre de Daniela y Sebastián?
Cabría la posibilidad de que, si los chicos lo querían, podrían pedirle a Samantha que se reconciliara con Javier. Frente a eso, Martín sentía que no podía luchar.
Además, se preguntaba si Samantha, por culpa o por querer compensar a los niños de alguna manera, acabaría cediendo y regresando con su exesposo.
El timbre del apartamento sonó varias veces, con una urgencia que no dejaba lugar a dudas. Martín, al reconocer quién era su visitante, sonrió, sintiendo un alivio momentáneo. Se levantó