Samantha respiró hondo, tragándose la congoja como si pudiera empujarla de vuelta al pecho.
Damián no aguantó un segundo más; se acercó y le tomó las manos.
—Nena, decime ya, me estás matando con este suspenso. ¿Fue tan grave lo que pasó ahí afuera?
Ella desvió la mirada, como si todavía le ardieran las palabras que había dicho.
—¿Dónde están los chicos?
—Con Ana. Esperando para cenar con vos —respondió él, más serio ahora.
Samantha asintió, se masajeó la sien con los dedos y dejó escapar un so