Fuera de la casa de Damián, Martín y Samantha se encontraban inmersos en una despedida que ninguno de los dos parecía querer concretar. El abogado, incapaz de soltarla, la abrazaba con fuerza, como si temiera perderla en ese mismo instante.
—¡No quiero despedirme ahora! —pronunció Martín, dejando traslucir su ansiedad—. Tengo miedo de que, si te dejo, desaparezcas.
Samantha, lejos de contagiarse del nerviosismo de Martín, soltó una carcajada sincera. Su actitud era ligera y algo divertida ante