Tal y como le había prometido a su hermana Constanza, Martín terminó su jornada laboral y se dirigió a buscar a Samantha. La joven se alojaba temporalmente en la casa de Damián, situada en una zona distinguida de la ciudad. Muy cerca de allí, el diseñador tenía también su atelier.
Al llegar, una empleada recibió a Martín y le permitió entrar en la vivienda.
—Vengo a ver a Samantha —le dijo a la mujer—. ¿Puede llamarla por favor?
—¡Ah! Ella no está —le respondió—. La señorita Samantha salió hoy