Javier apenas podía escuchar al inversor mientras este le hablaba sobre el negocio que tenían entre manos. La conversación, aunque importante, se le escapaba entre pensamientos dispersos. Su mente no lograba centrarse en las cifras ni en las oportunidades que se presentaban; todo su foco se dirigía irremediablemente hacia Samantha.
No era solamente su actitud desafiante lo que le distraía, aunque esa seguridad en sí misma lo desarmaba por completo. Era ella, toda en su conjunto: el aroma de su