No había manera de que Samantha pudiera contarle a Martín sobre su identidad secreta, así buscó una salida rápida para no responderle.
—Ya sabés... de esto, de lo otro —dijo, vagamente—. En una cafetería, luego en un local de ropa como vendedora. Hum, nada trascendente.
Martín la miró de soslayo y sonrió. No le creyó ni una palabra, pero sabía que, si la presionaba, nada iba a lograr.
Se frustró y se sintió molesto. Él había dado pruebas de serle leal ¿Por qué ella le seguía ocultando cosas?
—A