El editor, Alex Cooper, apenas podía creer lo que estaba escuchando. Su escritora estrella le estaba anunciando.
—¿Acaso te volviste loca Sam? —protestó con bastante enfado—. Si quieres unas vacaciones, está bien por mí. Pero estamos en medio de la presentación del libro, no puedes pedirme detener todo de manera repentina.
La escritora suspiró hondo.
—Lo siento, Alex. Ya te lo expliqué: necesito hacer algo muy importante. No puedo continuar con mi vida hasta que no lo resuelva —dijo, con esa fi