Damián no paraba de caminar de un lado hacia otro. La ansiedad invadía su alma, mientras esperaba noticias sobre Javier.
—¿Puedes detenerte un momento? —le exigió Alex, frunciendo el ceño—. ¡Haces que me ponga más nervioso de lo que ya estoy!
El diseñador, soltó una especie de bufido, desplomándose en el sofá. Miró a Alex, entrecerrando los ojos.
—¿Vos entendés que alguien trató de matar al susodicho? —susurró, mirando hacia la puerta, teniendo cuidado que nadie se asomara—. ¿Cómo podés pretend