El restaurante era completamente hermoso, elegante y, sin lugar a dudas, el favorito de Lia. Desde la primera vez que había entrado a aquel lugar se enamoró de su ambiente cálido, de las enormes lámparas de cristal que iluminaban cada rincón con una luz tenue y sofisticada, de la música suave que siempre acompañaba las cenas y de la tranquilidad que transmitía. Giorgio conocía perfectamente cada uno de sus gustos y por eso la había llevado nuevamente allí.
Entraron con una sonrisa. Giorgio mant