El jet privado atravesaba las nubes con absoluta tranquilidad mientras Giorgio permanecía instalado en el camarote principal. Un médico de absoluta confianza de la familia Weiss permanecía sentado junto a la cama monitoreando constantemente sus signos vitales. El electrocardiógrafo portátil marcaba un ritmo estable y, aunque el Don Bellamonte ya había despertado, el cansancio provocado por el traslado lo había hecho volver a quedarse dormido pocos minutos después del despegue.
En la cabina priv