Los días se transformaron en semanas y las semanas en un mes. Giorgio había sido trasladado a una habitación VIP donde Lia prácticamente vivía. Dormía a su lado, desayunaba junto a él, almorzaba allí mismo y apenas salía unos minutos para ducharse cuando Paul lograba convencerla. Todo el hospital terminó acostumbrándose a verla sentada junto a aquella cama, sosteniendo la mano del Don Bellamonte mientras le hablaba durante horas con la esperanza de que, en algún rincón de su conciencia, pudiera