Después de los importantes acuerdos comerciales y los tratados que Giorgio consiguió cerrar en América, ambos decidieron regalarse un día completamente alejado de reuniones, contratos y organizaciones. Por primera vez desde que habían llegado, no existían relojes, asistentes ni teléfonos que interrumpieran su tranquilidad. Solo eran ellos dos.
Caminaron durante horas por las calles de la ciudad tomados de la mano como una pareja cualquiera. Entraron a pequeñas cafeterías, probaron postres que j