La cena llegó apenas cayó la noche.
El enorme comedor Bellamonte estaba completamente iluminado. La larga mesa de madera oscura había sido preparada con el mismo cuidado de siempre; vajilla de porcelana italiana, copas de cristal y un delicado centro de mesa formado por rosas blancas que contrastaban con la sobriedad del lugar. Los empleados iban y venían en absoluto silencio, acostumbrados a la disciplina que reinaba dentro de aquella casa.
Lia descendió de la mano de Giorgio. Él no soltaba s