Al día siguiente Lia organizaba las maletas para volver esa misma noche. Gio la miraba sentado en la cama, viendo cómo doblaba toda la ropa. Tomó su mano, la sentó sobre sus piernas y, sin previo aviso, la besó.
—¿Y eso?
—Cada vez que te tengo cerca quiero hacerlo. No hay razón para contenerme.
—¿Estuviste hablando con Jean? ¿Te dijo algo?
—Está tratando de ponerme al día con lo básico. Me siento como un niño pequeño de guardería.
—Mi hermoso bebote, yo te cuidaré.
Gio sonrió y escondió el rost