Las horas pasaron lentamente. Poco a poco el sonido constante del respirador dejó de ser necesario. El médico entró junto a dos enfermeras, revisó los monitores y sonrió satisfecho.
—Ha respondido mucho mejor de lo esperado. Vamos a retirarle el respirador.
Giorgio permaneció inmóvil a un lado de la cama mientras observaba cada movimiento. El tubo salió lentamente y, por primera vez desde que entró al quirófano, Lia parecía simplemente dormida. Su respiración era tranquila, acompasada, como si