Los días pasaron y Lia mejoró rápidamente. La herida de la espalda seguía doliendo, pero el médico estaba completamente satisfecho con la evolución. La bala no había causado daños permanentes y la operación había sido un éxito. Solo necesitaba reposo, curaciones diarias y evitar esfuerzos durante algunas semanas.
Aquella mañana, por fin, recibió el alta, Giorgio ni siquiera permitió que sus pies tocaran el suelo.
La levantó en brazos apenas salió de la habitación y comenzó a caminar por los pas