Si esto no es amor... entonces no sé qué podría ser
Lia levantó la vista. Los ojos grises de Giorgio estaban furiosos. Ella lo miró durante unos segundos y luego sonrió.
—Gio, solo iré a jugar cartas. No tengo sueño.
—¿Así, con esa ropa?
Lia dio un paso atrás y abrió lentamente la bata, dejando ver la lencería que sabía era la favorita de Giorgio. Había sido él mismo quien se la regaló tiempo atrás.
—¿Qué tiene de malo? ¿Me veo mal?
Dejó caer la bata sobre el suelo y giró lentamente sobre sí misma. Giorgio tragó saliva, se agachó, recogió la bata