Gio subió donde su esposa, que lo esperaba en la cama con su típico pijama de seda y una sonrisa traviesa. Gio caminó hacia ella, la tomó de los tobillos atrayéndola hacia él. Sus manos se posaron en la cama, quedando prácticamente encima. La recorrió con la mirada mientras su respiración se hacía pesada. Su mano se posó en su pantorrilla, subiendo lentamente, haciendo que Lia cerrara los ojos.
—Gio...
Bajó dejando besos lentos desde su pantorrilla hasta su muslo interior. Lia hundió sus dedos