Si te ofreces gratis, ellos estarán felices.
Giorgio caminó tranquilamente hasta el despacho mientras aflojaba ligeramente el nudo de la corbata. Cerró la puerta tras él y dejó escapar un largo suspiro. Había sido un día intenso entre el regreso desde América, la inesperada visita de Ginna y Paula y la cena que, para su gusto, había durado demasiado. Lo único que deseaba era terminar de enviar los últimos documentos a Bastien y volver cuanto antes junto a Lia.
Encendió el computador y marcó el número privado de Bastien De Filippi.
La llam