Celos... benditos celos...
Lia llegó a la casa donde tenían a Gio. Se metió a la ducha para sacarse el olor a pólvora y sangre, secó su cabello y se puso un pijama. Él aún estaba vestido de novio y con manchas de sangre en su traje. Lia se acercó y se sentó a su lado, acariciando su rostro.
—Amore mio, te extrañé tanto.
Sacó la corbata con cuidado, luego la chaqueta, desató su camisa y sacó su faja. Tomó una toalla tibia y limpió su rostro y sus manos. Besó sus labios y se acurrucó en su pecho. Lágrimas cayeron lentas mi