Los días transcurrieron lentamente dentro del hospital. El dolor seguía siendo el mismo, pero aprendía a esconderse detrás de silencios cada vez más largos. Lia hablaba poco. Pasaba largos minutos contemplando la ventana o acariciando inconscientemente su vientre, solo para recordar segundos después que ya no había nadie allí. Cada vez que eso ocurría, sus ojos se llenaban de lágrimas, aunque hacía un enorme esfuerzo por contenerlas.
Giorgio no se apartó de ella ni un solo instante.
Dormía en e