En ese momento decidió alejarse un poco, dándole así su espacio y es que sabía lo necesitaba; ambos lo hacían.
—Siento mucho lo sucedido —se disculpó, aun con el pulso acelerado y las mejillas sonrojadas.
—No quiero escucharte, es mas no quiero ni verte; así que has el favor de regresarme a mi hijo y dejarnos ir —le exigió aun afectada, pero sobre todo furiosa.
—Paul es nuestro hijo, no debes olvidar eso —le respondió, manteniéndose a la defensiva.
—No lo olvido; así como tampoco lo hago con el